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08.06. 2007.
Dao de Arcad
Es acabada y es publicado la novela siguiente sobre las aventuras que cogen Arcad. Podéis conocer las firmezas de la novela aquí.

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La prosa

La gata y la telepatía

El empleado de una de las firmas de la ciudad, Aleksey, una jóven persona, los años de treinta, después de  los días  de trabajo intensos  ha decidido conducir los días de descanso sobre la naturaleza. Habiendo sido cargado todo necesario para  pescar, él ha salido  al próximo suburbio, donde, como él sabía, por el pago pequeño fue posible encontrar el refugio a los días o los dos de cualesquiera pares  de edad.

Habiendo llegado hasta el lugar sin problemas y encontrando la casa necesaria, él toda la segunda mitad del día estaba sentado con la caña de pescar. Habiendo cogido la morralla al gato local de los dueños, él ha sido arreglado sobre la veranda de esta casita confortable admirar la  puesta tierna.

Aleksey estaba sentado en la butaca, debilitandose después del día de sol bueno. La veranda, donde había la butaca, abría el aspecto al calvero pequeño de bosque, al extranjero por que en el bosque espeso verde más dos decenas de los pies de nada se vio. Y en sus visiones chapoteaba el mar.

El susurro tierno de las ondas pequeñas que extinguen sobre la arena menuda dorada ribereña. Y un poco más  tras de ellos, los pies en cincuenta de la costa, la verdura espesa de las profundidades, en las cuales  se traslada la multitud innumerable de habitantes distintos de mar. Aquí y la langosta, en el susto  helandose en cierto grieta de coral,  presentando de ella solamente las pinzas sí los bigotes largos móviles, como si los vástagos  de  la antena. El papagayo enorme estúpido de mar del matiz lilo-amarillo-verde por sus dientes obtusos como por el tornillo de mordazas, usando los vástagos de coral. Y cerca, en la madriguera, se ha agazapado la murena, habiendo presentado afuera solamente la cabeza con los ojos, como al periscopio del submarino, preparado en el instante echarse sobre la víctima que corresponde a su apetito. Aquí en la verdura que se agita del fondo aparecen y desaparecen los bancitos de los pececillos plateados, curiosos, dando cabezadas en cualquier objeto que se mueve, conmensurable con sus dimensiones, pero es simultáneo tímido tanto que son preparados  huir rápidamente de la piedra que se ha movido.

Las visiones  comnsaban a  desaparecer. Algo o alguien ellas ha destruido. Aleksey se ha despertado, ha salido de la meditación y ha sentido sobre la cadera derecha cierto peso. Como si él estaba sentado mucho tiempo en una posición y de éste se ha entumecido el pie. Él ha intentado enderezar maquinalmente el pie, pero ha sentido no entumecido, sino el peso físico. Él se ha recobrado definitivamente. Habiendo mirado a su pie, él ha visto un grande hocico felino que miraba con ternura a su cara y que cumplía el blues silencioso. Más asombroso consistía en aquello que sobre el pie se instalaba solamente el hocico. Todo el cuerpo  de la  gata, si esto había una gata, en vez del gato, ha caido hacia abajo, enrollando el pie como si la serpiente. Y como ella se tenía en tal posición, además teniendo el placer evidente, fue incomprensible.

Ya  que él quería fue  sacudir esta carga del pie, pero algo lo ha parado. En el cerebro ha pasado  una  chispita, la señal; y aún no la señal, sino el rápido cuadrito de  los pececillos pequeños plateados de su visión que precede. Como si algo o alguien ha devuelto de ello en la memoria de corta duración al momento que se ha encontrado  necesario para alguien. A Aleksey no ha sido venido mucho tiempo reflexionar, a él mirar bastante solamente a la gata sobre su pie. Ronroneando y balanceando por la  cabeza de arriba abajo, como si ella decía - sí,  esto yo canturrea  a ti  tuyas  imágenes recientes de nuevo, porque ellos me gustan también. Probable, fue necesario ayer beber menos - parece el algo de diablo. «Puede ser,  liquidar el malestar  y todo lo andará», - ha refulgido en persecución el pensamientico.

La gata, o el gato, no lo daba de hacerlo. Mirando a la cara  de la persona, ella por la pata justa comenzaba a acariciar su pie, de vez en cuando dejando salir sus garritas, como si atrayendo su atención.

- Qué tu quieres, minino? - él la ha acariciado maquinalmente por su cabeza.

La gata  ha reaccionado no es adecuado. Ella se ha clavado por las uñas de la pata izquierda así que Aleksey no ha dado un salto.  Saltando instantáneamente de su pie, ella, tirando impetuosamente la cola, se ha apartado de él del pie a tres, se ha vuelto a él por el hocico,  ha fijado en sus ojos. Su mirada decía  por si mismo - qué esperas, vamos, me es necesario esto, y debes hacerlo. No habiendo recibido la reacción de la persona, necesaria para ella, la gata de nuevo se le ha convenido, ha encorvado la espalda, secando su pelito, ha dado una vuelta alrededor su pie, se ha apartado al paso y de nuevo ha fijado en sus ojos, como si invitándolo seguir a sí. Y ella se ha movido realmente, pero no a un lado  de las puertas de la casita, sino hacia abajo por los escalones del zaguán, a un lado de  la espesura de bosque.

En aquello dirección, en los pies  cienycincuenta de la casa, fue el estanque pequeño, en que él  ha pescado hoy. Él fue desconcertado. De veras esta esencia viva ha mirado en sus visiones en la somnolencia y lo ha llamado? Tal no puede ser. «Por lo visto, realmente ayer he bebido mucho», - ha pensado él. Sin embargo esto fue no así. Y la gata esto ha confirmado por sus acciones consecuentes. Ella de nuevo ha vuelto a la veranda y comenzaba a golpetear por la pata su pie. Además ella miraba fijamente en sus ojos. Después de estas acciones ella ha dejado salir ligeramente  las garraitas en su pie, ha sido desarrollado y de nuevo se hacía  bajarse por los escalones de la veranda, como si invitando detrás de sí…

Él se ha acordado el sueño  reciente, en cual él se comunicaba con una gran gata de la dimensión con el perro medio y todavía por cierto animal. Los detalles de ésta  comunicación de telepatía, más  tarde,  por la mañana, Aleksey no recordaba. Solamente los fragmentos separados, de que él ha deducido que los animales  tienen relación escépticamente con la conducta de la gente. Por la voluntad o la involuntad, pero las personas  por sus acciones como si buenas a  los traen más  él  daño, que  la utilidad. Por eso los animales mantienen contacto con la gente solamente en caso de la extrema necesidad. El sueño  fue magnífico, aunque no se ha sido acordado después todo. Y aquí, en realidad, sin pensamientos, pero la gata se comunicaba con él. Esto fue asombroso…

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